Por: Fernando Romero, economista

El Banco Mundial proyecta para América Latina y el Caribe un crecimiento moderado de 2,2% en 2026, pero con grandes diferencias entre países. Mientras economías como Guyana, Paraguay, República Dominicana y El Salvador mantienen un mayor dinamismo, Bolivia registraría el peor resultado, con -2,8% para este 2026.
La principal explicación está en la combinación de estabilidad macroeconómica, inversión, exportaciones, confianza y productividad. En Bolivia, el ajuste fiscal, cambiario y energético está corrigiendo desequilibrios acumulados, pero genera un costo recesivo en el corto plazo. A ello se suman la debilidad de la inversión, los desequilibrios fiscales y externos y la baja productividad estructural. Por tanto, el desafío es estabilizar la economía sin profundizar innecesariamente la contracción.
La trayectoria prevista para Bolivia es especialmente preocupante: -2,8% en 2026, -1,4% en 2027 y apenas 0,6% en 2028, lo que implica una recuperación muy lenta. Si se cumple, aumentarán las presiones sobre empleo, ingresos, recaudación fiscal, inversión y condiciones sociales.
La respuesta debe combinar consolidación fiscal inteligente, protección focalizada e inversión pública productiva, evitando ajustes que deterioren aún más la capacidad de crecimiento. También es fundamental recuperar inversión privada, exportaciones y generación genuina de divisas mediante reglas económicas previsibles y mayor seguridad para el capital.
Finalmente, Bolivia debe impulsar productividad, digitalización e inteligencia artificial para diversificar su economía y generar nuevos motores de crecimiento.
La prioridad debe ser pasar de una economía basada en la administración de escasez a otra sustentada en inversión, productividad, divisas y crecimiento sostenible.
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