Rodrigo Paz viajó y no dejó el bastón de mando a su vicepresidente Edman Lara, una decisión inédita en la política boliviana

En Bolivia, la costumbre ha sido clara: cuando el presidente salía del país, el vicepresidente asumía el mando temporal. Así lo hacía Evo Arce con David Choquehuanca, Banzer con Tuto Quiroga y Gonzalo Sánchez de Lozada con Carlos Mesa. Sin embargo, el presidente Rodrigo Paz Pereira rompió con esa tradición al viajar sin delegar el mando a Lara, quien se ha declarado opositor político suyo.

La decisión de Paz se ampara en el Decreto Supremo 5515, aprobado recientemente, que permite al presidente ejercer sus funciones de manera remota mediante herramientas digitales. Este decreto establece que no es necesaria una sucesión temporal, pues el mandatario puede firmar documentos y coordinar decisiones desde el exterior con validez jurídica.

En otras palabras, la ley respalda que Paz gobierne desde fuera del país sin entregar el bastón de mando.

La consecuencia política es evidente: Edman Lara queda relegado a un rol simbólico, sin poder real de decisión. Para muchos, esto refleja la falta de confianza de Paz en su vicepresidente, quien ha asumido una postura crítica frente al gobierno. La pregunta que surge es si Lara “se ganó” este trato por su oposición abierta, o si Paz está debilitando la institucionalidad al no permitir un contrapeso interno.

Debate sobre confianza y democracia

– Confianza personal vs. institucionalidad: Paz privilegia la seguridad política sobre la tradición democrática.

– Precedente peligroso: Al gobernar desde el exterior, se reduce la función de control del vicepresidente.

– Legalidad vs. legitimidad: Aunque el decreto lo respalda, la decisión genera dudas sobre la legitimidad de un poder ejercido digitalmente.

En conclusión, Rodrigo Paz ha inaugurado una nueva forma de gobernar desde el exterior, amparado en la digitalización y en un decreto que evita la transferencia de poder. La medida, aunque legal, abre un debate sobre la confianza política, la institucionalidad y el equilibrio democrático en Bolivia.